Alimentación

Los bebés con alergia a la caseína tienen una introducción a los alimentos diferente. Normalmente los padres siguen alineamientos generales para empezar a darle comida a su hijo, pero pueden ser relajados y hasta pueden intentar muchas cosas diferentes. Con un hijo con esta condición, se debe tener ciertos cuidados extras y definitivamente se debe estar mucho más pendiente a posibles reacciones alérgicas. Por esto, la alimentación de estos bebés toma más tiempo y muchas veces complica un poco a las mamás que quisiéramos poder darles simplemente una compota preparada o un pedazo de cualquier fruta.

 

Recuerdo que una vez estaba en un evento de la oficina de mi esposo y uno de sus compañeros tenía una hermosa bebé de cuatro meses. Yo estaba con mi bebé de seis meses en ese momento y ya tenía que ir llevando en la pañalera su sopa, su plato, su cereal, su luche y sus teteros. Al momento de comer, mi bebé solo quiso tomar su biberón y nada más. Estando en la mesa, el compañero de oficina de mi esposo decidió dejarle probar un poquito de gaseosa a su pequeña nena, así que metió su dedo dentro de su vaso y luego le metió en la boca a la bebé. La esposa simplemente se rio y la bebé estaba feliz de haber probado algo tan dulce y sonrió y pidió un poco más. Viendo esa escena de felicidad entre esa bebé y su padre, pensaba cuánto me gustaría poder ser tan espontánea con mi propio hijo. Lamentablemente, los colorantes pueden generar alergia fácilmente en bebés con alergia la caseína así como muchos otros alimentos. Este tipo de momentos son los que me hacen sentir que no es tan sencillo disfrutar de las cosas con mi bebé. Me siento como una madre sobreprotectora, exagerada, nerviosa e incluso ¡irracional! ¿Será que realmente sería tan terrible solo darle de probar a mi hijo ciertas cosas y dejarle ser más libre? Luego recuerdo cuántas noches pasé cargando a mi bebé en brazos por horas seguidas para que pudiera dormir – se sentía tan mal que no había otra forma – y pienso que no vale la pena volver a eso solo porque sería divertido darle una gota de gaseosa. No soy una mamá loca por seguir las indicaciones de mi pediatra y hacer lo mejor para mi bebé. No soy una exagerada cuando cuido los alimentos que mi bebé se lleva a la boca porque soy yo la que tiene que lidiar con su reacción. No soy nerviosa por querer que mi bebé se sienta bien siempre, y no voy a comprometer su salud por nada. Entonces respiro profundo y recuerdo que puedo disfrutar miles de cosas con mi pequeño debido a que le cuido lo suficiente para que él se sienta sano. Puedo verle sonreír, jugar y darle de comer con tranquilidad porque ya no tiene síntomas. Si tengo que esforzarme un poco más de lo normal para lograr eso, entonces ¡ahí voy!

Mes a mes

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