Madre que se queda en casa

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Me despiertan gritos a las 6:30 de la mañana, suspiro y me despierto. Aún dormida me acerco a la habitación de mi bebé y empieza mi día. Primero el cambio de pañal, con llanto. Luego la dada de teta, tranquilidad por un segundo, seguida de llanto. Nuevamente me levanto para hacer el cereal con fórmula para desayunar. Depende del día si este momento es  bueno o malo. A veces se ríe y hace caritas y come tranquilo. Otras llora y empieza a pujar tanto que vomita dos veces durante la comida. Limpia todo, cambia al niño, y vuelve a darle de comer. Finalmente termina y juega un rato (si quiere se queja, si quiere se ríe) hasta que empieza a llorar porque tiene sueño de nuevo. Vuelve a hacerle dormir un poco (a veces es fácil a veces es extremadamente difícil). Cuando se logra dormir por un segundo, corre a bañarte, cambiarte y si hay tiempo a arreglar la cocina. Otra vez los gritos. Otro cambio de pañal, normalmente cambio de ropa y es hora de la comida de la media mañana. Le siento en su silla de comer mientras preparo la fruta de ese día y le intento hablar o cantar pero él simplemente quiere llorar y quejarse. Come despacio pero le gusta. Después intento desayunar algo yo, mientras él juega en su saltarín cerca de mí. Pues no quiere estar separado de mí ni un segundo y decide primero quejarse, luego llorar y finalmente gritar mientras intento devorar un plato de cereal o un sánduche. Luego es hora ¡de jugar! Debería ser un momento divertido entre los dos ¿verdad? Pues parece que no quiere los juguetes, parece que quiere estar subido encima de mí, luego quiere bajarse, no se logra divertir entonces le entretengo con otras opciones de juego, se ríe y luego se queja porque ¿ya no es divertido? ¿Quiere otra cosa? ¿Se quedó con hambre tal vez? Intento darle un poco de biberón, lo rechaza y llora. ¿Pañal? Limpio. ¿Calor? ¿Frio? Parece que está bien. ¿Estar cargado? Quiere bajarse. ¿Estar en el piso? Se desliza hacia mí y se trepa en brazos. Finalmente no sé qué hacer y decido dejarlo solo un rato, grita desesperado. Vuelvo, intento divertirle con algo más, no parece funcionar. Pasan dos horas entre jugar, llorar, movernos, seguir intentando. Se toma su teta y se duerme un momento. Arreglo todo el desastre que hicimos e intento arreglar la casa lo que falta. Cuando intento sentarme un rato, los gritos de nuevo. Es como si supiera cuando finalmente intento descansar. ¡Hora de almuerzo! Luego jugar más tiempo, o salir a hacer una vuelta, luego estar juntos más tiempo, más llanto, más desesperación, intentar miles de cosas, intentar mantener la creatividad, el entusiasmo, la paciencia… la paz mental. Intentar almorzar mientras te gritan en la cara. Cómo se me ocurre pensar que voy a poder almorzar con tranquilidad ¿verdad? Entre el almuerzo y la cena parece que el tiempo no pasa, pero finalmente llega la hora de cenar. Hay días que cenar es un drama, hay otros que simplemente come. Bañarle, llorar del sueño, tomar teta y finalmente dormirse (a veces fácil a veces difícil). Finalmente poder cenar algo yo, e ir a la cama. Para empezar todo de nuevo mañana. Aunque sea ahora duerme la noche entera, porque antes la noche era dormir tres horas y levantarse de nuevo. Los días que paso con mi hijo son maravillosos y terroríficos al mismo tiempo. Hay momentos del día donde siento que lo estoy logrando, y otros donde no he podido ni comer ni bañarme y me siento un fiasco. Hay días que siento que es el trabajo más gratificante, y otros donde lucho con mis ganas de salir por la puerta aunque sea por unos minutos. Hay semanas que son cansadas y ocupadísimas, y otras que son aburridas y desgastantes. Tengo periodos donde estoy completamente satisfecha y agradecida de ser yo quien cría a mi propio bebé y quien le ve crecer cada día para convertirse en una personita, y otros periodos donde siento que no estoy haciendo nada con mi vida y me pregunto cómo me convertí en una ama de casa. No estoy segura si soy la única mamá que se siente así, espero que no sea locura mía, pero definitivamente no es todo felicidad ni todo tan fácil. Mientras escribo esto ya estoy escuchando a mi bebé empezar a gritar. Ya se despertó de su corta siesta. Hay momentos donde me emociona que se despierte porque ya quiero verle y seguir jugando o hacer algo nuevo con él; y otros momentos (como hoy) cuando necesito respirar profundamente para seguir con el día. Aun así a veces no es suficiente. ¿Es esta la única forma de ser madre? Cuando pienso en buscar una guardería o una niñera para mi hijo y yo dedicarme a mi profesión, me empiezo a dar cuenta que ese escenario tampoco me hace totalmente feliz. No sé cómo ser una madre que se queda todo el día en la casa, pero tampoco sé si estoy lista para ser una madre que trabaja y que solo ve a su pequeño una parte del día.  Por eso intento enfocarme en los días buenos, en los momentos de risas, en los juegos, los abrazos, y las horas de comer llenas de aplausos; porque esos me dan fuerza. Intento tener humor para los momentos duros y reírme de sus locuras, de sus pequeños enojos y de sus ensuciadas. No lo logro siempre, y a veces pierdo la cabeza y la frustración me consume; pero igual decido todos los días vivir escuchando los gritos de mi bebé diciéndome cómo no lo estoy logrando, o lo mal que lo estoy haciendo, y escuchando sus risas diciéndome lo bien que soy y sintiendo sus abrazos que dicen que me ama y me necesita.

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