De embarazos no planeados y madre joven

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Cuando supe que estaba embarazada decidí contarle a mi novio lo más rápido para saber ¡que íbamos a hacer! La verdadera sensación para una mujer que no ha planeado en absoluto quedarse embarazada es una genuina tristeza. ¿De qué?  De todo lo que en ese momento se desliza por sus dedos y no vuelve jamás. En mi caso fueron mis planes de estudios, mis planes profesionales, mis ganas de vivir en el extranjero sola, viajar, conocer muchas más personas y más lugares. Conseguir mis metas académicas, y poder salir de esta ciudad y simplemente comerme el mundo. Ese año tenía planeado hacer tantas cosas y ninguna incluía hospedar temporalmente a otro humano dentro de mí. Lo primero que pasó por mi mente es todo lo que YO perdí. Momentos después me puse a pensar en todo lo que mi novio también perdería. Su beca para estudiar una maestría en el exterior, sus planes de viajar, sus metas profesionales tan ambiciosas y su ritmo de vida tan adorado. Es como si una enorme pared de hierro de repente cayera con toda su fuerza, casi lijando las pestañas de lo inmediata que abate, y obstruyera todo el camino por delante. ¿Y ahora qué?

 

Qué difícil es dejar de golpear esta puerta de hierro con toda la esperanza de que no se cierre, de que se deshaga, de que todos esos planes vuelvan. Como cuesta retomar todo y volver a empezar. Solo con pensar en hacer algo diferente, cómo se siente la tristeza de perderlo todo así tan de repente. Cuando le dije a mi novio la noticia, pude ver en sus ojos la misma tristeza. La misma puerta de hierro cortando sus pestañas. Creo que al principio tomamos las decisiones que sabíamos nos harían felices en el futuro, pero en ese momento no se sentían exactamente así. Realmente se pasa por todas las etapas de duelo cuando se pierde la vida que conocías y que tanto querías. Creo que para ambos fue un proceso confuso llegar a la aceptación, mientras el embarazo continúa y la vida sigue. Qué difícil es dudar todo el tiempo de los primeros pasos en el nuevo camino hacia una nueva vida,  cuando aún se siente como si este no fuera el camino correcto. No el camino correcto porque no fue planeado, porque no se siente adecuado, porque simplemente, al principio, no se quiere. Convenciéndose a uno mismo que muy cerca por este camino está la felicidad y se puede encontrar todo lo que un día se quiso, pero sin ninguna seguridad de que así va a ser. Todo el tiempo recordando el otro camino, ese otro camino que muchos otros si lo están viviendo; siendo todo lo que uno mismo tenía que haber sido pero hoy no es. Hoy eres mamá, hoy eres papá. Hoy eres esposo o esposa. Hoy ya no eres tú solo, y nunca más lo serás.

 

La tristeza inicial de un embarazo no planeado se desvanece. No sé si sea verdad en todo el mundo, pero yo no pensaba que se desvanecería hasta que lo viví. No es algo que pasó en una semana ni en un mes, me tomó tiempo. Muchas veces vuelve, y probablemente continúe regresando como una nostalgia a ese camino perdido, pero una vez que el proceso de adaptación se establece; empieza una nueva sensación: ilusión. La ilusión de crear una familia, tener un nuevo hogar, de empezar a vivir de la forma más desinteresada: la ilusión de ser mamá. De repente estar planeando qué cosas deben cambiar, qué cosas se deben mantener igual, cómo prepararse para recibir a este bebé, y tantas nuevas decisiones por delante que serán enteramente de uno mismo. Hay una revolución interna, mezcla de fuerza y de poder, que definen el momento en que uno pasa de ser integrante de una familia a ser cabeza de la propia. Es una emoción de miedo de ser el soporte vital de una nueva rama familiar pero con toda la ilusión de ser uno mismo quien resuelva cómo va a ser esta nueva rama. Finalmente todo esto se acompaña al amor de madre que crece despacito y sin hacer ruido. No es algo que se va a percibir hasta ciertos momentos claves; como cuando te caes y piensas que algo le pudo haber pasado al bebé, o cuando no le sientes moverse por todo el día y no sabes qué pasa, o cuando tu doctora te dice que algo puede estar mal. Son momento de crisis que te confrontan con nuevamente otra enorme y resplandeciente pared de hierro, una que ahora cae con la misma fuerza pero en otra parte del camino: atrás. No hay forma de regresar. Cuando has sentido dentro tuyo el movimiento de un ser individual y te has enamorado de él, no hay forma de olvidarlo. Cuando te has sentido madre por la preocupación de que tu bebé esté sano y cómodo en tu vientre, ya no vas a poder dejar de sentirlo. Una vez en este nuevo camino, y es imposible salirse del mismo. Aunque en ocasiones  la nostalgia se cole en tu mente y la tristeza de todo lo perdido regrese, ya no va a tener en absoluto la misma importancia que todo lo que esta nueva vida te ha dado.  Ten paciencia, entiéndete, tente compasión, déjate vivir tu propio duelo, y permítete a ti misma aceptar la tristeza de perderlo todo. Así mismo es. La ilusión irá creciendo. El apego a esta nueva etapa de la vida irá creciendo de a poco como todo amor. El amor a tu bebé irá creciendo conforme él mismo crezca. Permítete adaptarte de a poco a tu embarazo, a tu nuevo estado y a tu pronta nueva vida de madre. Un paso a la vez. Mucha gente siempre querrá presionarte o hacerte sentir culpable y mal por todo lo que estás viviendo, pero solo tú sabes cómo ajustarte a tu nueva vida, y solo tú sabes lo que es mejor para ti y tu nuevo bebé.

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